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¿De qué hablamos cuando hablamos de felicidad en el trabajo?


Publicado el : 12 de Junio de 2026

En : General

Por Patricia Otero, profesora del IEEM

Desde que empecé a investigar el tema de la felicidad, he tratado de ser muy cuidadosa con los mensajes que transmitimos. Básicamente, porque ya hay muchísima gente hablando del tema y porque muchas veces parece que existiera una fórmula universal para ser felices, algo que claramente no existe.

Vivimos buscando recetas para todo: para estar mejor físicamente, para dormir mejor, para comer mejor, para liderar mejor. Como si en algún lado existiera un ABC aplicable a cualquier persona y en cualquier contexto. Y si además son pocos pasos y requieren poco esfuerzo, todavía mejor.

Si somos honestos con nosotros mismos, sabemos que esas recetas universales no existen. Sí hay buenas prácticas, lineamientos, ideas que pueden ayudarnos. Pero, al final, cada uno tiene que encontrar su propia manera. Y hay algo de lo que estoy bastante segura: difícilmente encontremos caminos valiosos que estén libres de esfuerzo. Desde estar en forma hasta construir vínculos sanos, todo lo que realmente importa requiere cierto sacrificio.

Entonces, ¿existe una receta para ser más feliz en el trabajo? Claramente no. Pero la evidencia sí muestra ciertos rasgos que aparecen con frecuencia en organizaciones donde las personas trabajan mejor y están más satisfechas. Y cuando las personas están mejor en su trabajo, suelen comprometerse más, aportar más, faltar menos, enfermarse menos y permanecer más tiempo en las organizaciones.

Ward y De Neve, en su libro Why Workplace Wellbeing Matters, mencionan algunos factores que favorecen el bienestar en el trabajo. Voy a tomar algunos de ellos y sumar otros que, por mi cercanía al mundo empresarial, veo constantemente en la práctica.

Oportunidades de crecimiento y desarrollo

Todos los seres humanos necesitamos sentir que evolucionamos. Un trabajo que me ayuda a crecer con el paso del tiempo, que me desafía y me acerca a una mejor versión de mí mismo, probablemente sea un lugar en el que quiera quedarme.

Y esto no necesariamente implica “hacer carrera” en sentido tradicional. Muchas veces pensamos el crecimiento solo en vertical, cuando también puede darse en horizontal. ¿Aprendo cosas nuevas en mi trabajo? ¿Me ayudan a desarrollar nuevas herramientas? ¿Voy ganando autonomía? ¿Me enriquecen las tareas que hago?

Cuando una organización genera estas condiciones, es mucho más probable que las personas se sientan comprometidas con lo que hacen.

Reconocimiento

Todos necesitamos sentirnos vistos. Que alguien valore lo que hacemos, que entienda el esfuerzo detrás de ciertos resultados, que reconozca nuestro aporte.

Y acá no hablo de grandes celebraciones ni de mecanismos sofisticados. Muchas veces alcanza con algo bastante más simple: prestar atención. Ver al otro. Entender lo que le costó llegar a determinado resultado y hacérselo saber. Hay algo profundamente humano en sentir que nuestro esfuerzo no pasa desapercibido.

Relaciones

La calidad de nuestras relaciones es uno de los mayores predictores de felicidad y longevidad. Y eso también aplica al trabajo.

¿Cómo son nuestros equipos? ¿Confiamos unos en otros? ¿Sentimos apoyo cuando las cosas se complican? ¿Predomina la colaboración o la competencia permanente? ¿Cómo son nuestras conversaciones? ¿Nos escuchamos?

Gallup incluye en su encuesta Q12 una pregunta que durante años generó polémica: “¿Tiene usted un mejor amigo en el trabajo?”. En determinado momento algunas empresas cuestionaron tanto esa pregunta que Gallup decidió retirarla. El resultado fue que la encuesta perdió capacidad predictiva.

Tener vínculos cercanos en el trabajo importa muchísimo más de lo que a veces estamos dispuestos a admitir. Nos ayuda a regular el estrés, a sentir pertenencia y a atravesar mejor los momentos difíciles.

Salario y beneficios

Sería ingenuo pensar que este punto no influye en la felicidad laboral. Todos tenemos cuentas que pagar y una vida que sostener. El salario importa.

Ahora bien, la evidencia muestra algo interesante: más que montos extraordinarios, lo que las personas necesitan es percibir justicia. Si siento que alguien que aporta mucho menos gana igual o más que yo, probablemente aparezca la frustración, incluso aunque mi sueldo objetivamente sea bueno. Y también sabemos que los salarios nunca son tan secretos como las organizaciones creen.

Por eso, más que “comprar felicidad”, el salario funciona muchas veces como una condición básica. Difícilmente construya felicidad por sí solo, pero sí puede destruirla cuando es vivido como injusto.

Sentido de propósito

Las personas necesitamos encontrarle sentido a lo que hacemos. Necesitamos un para qué.

A veces ese propósito está en la misión de la organización, pero muchas veces aparece en algo más cercano. Me gusta la historia del hombre que trabajaba entregando tickets en el puente de Brooklyn y decía que su trabajo consistía en “cambiarle el día a las personas”. Con una sonrisa, una pregunta amable o un pequeño gesto, sentía que podía hacer una diferencia en quienes pasaban por allí. Y probablemente la hacía.

Ayudar a las personas a conectar su trabajo con un sentido más profundo tiene un impacto enorme. Porque cuando alguien entiende para qué hace lo que hace, cambia completamente la manera en que vive su trabajo cotidiano.

Líderes que se preocupan genuinamente por las personas

Hace muchos años, la Madre Teresa participó en una conferencia de liderazgo. Su intervención fue muy breve. Solo hizo dos preguntas: “¿Conoces a tu gente?” y “¿Los quieres?”. Ese querer no tiene nada de ingenuo ni sentimental. Es el sentido aristotélico de querer el bien para el otro.

Y conocer a tu gente implica entender algo básico: trabajamos con personas. Personas que llegan a la oficina, o que se conectan remotamente, con una historia, preocupaciones, ilusiones y problemas que muchas veces no vemos. Como dice Gonzáles Alorda: “Nadie conoce las noches de nadie”. Comprender eso cambia completamente la manera de liderar. ¿Da trabajo? Sin dudas, pero probablemente sea uno de los trabajos más importantes que tiene un líder.

En definitiva, estas líneas no buscan dar respuestas cerradas, sino dejar preguntas para reflexionar sobre nuestro rol como directivos. No podemos hacer felices a las personas que trabajan con nosotros. Pero sí podemos generar condiciones que faciliten que las personas estén mejor en su trabajo.

Y tengo la sensación de que mucho de esto empieza por algo bastante simple: conocer genuinamente a quienes trabajan con nosotros y procurar su bien. A veces, las cosas más importantes son bastante más simples de lo que creemos.

 


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