Publicado el : 29 de Agosto de 2025
En : General
Por Rosario González Stewart, profesora del IEEM y directora de BOLD
En los últimos años se ha vuelto cada vez más evidente que el buen gobierno corporativo no depende únicamente de regulaciones externas, sino de la calidad interna de los órganos de gobierno. Entre ellos, el directorio ocupa un lugar central. Su diseño, su dinámica y la selección de sus integrantes son factores que inciden directamente en la sostenibilidad de la empresa y en la confianza que proyecta hacia la sociedad.
Sin embargo, todavía persiste en muchas organizaciones una visión reducida del directorio como un requisito legal o un ámbito meramente administrativo. Esta concepción lo limita a un rol de convalidación formal, desaprovechando su verdadero potencial: ser un órgano colegiado con visión de futuro que sea capaz de marcar el rumbo estratégico, supervisar a la gestión y representar los intereses de todos los grupos de interés.
La composición
Todo directorio requiere una composición adecuada. No se trata de replicar modelos heredados ni de copiar prácticas ajenas, sino de diseñar un órgano a la medida de los desafíos actuales de la organización. Directorios excesivamente grandes pueden tornarse ineficaces, mientras que aquellos demasiado pequeños pueden carecer de los recursos y perspectivas necesarios.
La claridad en los roles, la definición de un reglamento de funcionamiento y la planificación de una agenda anual son elementos básicos, pero decisivos. Incluso algo tan concreto como reservar espacios de la agenda para la discusión estratégica, de modo de evitar que las urgencias dominen, puede marcar la diferencia entre un directorio que gobierna y uno que simplemente administra.
En empresas de mayor complejidad, los comités especializados (auditoría, riesgos, personas) funcionan como instancias de análisis profundo que enriquecen la deliberación del plenario. En todos los casos, lo fundamental es que la composición esté al servicio del buen gobierno y no al revés.
La dinámica
Ahora bien, una buena composición es condición necesaria pero no suficiente. Lo que realmente diferencia a un directorio efectivo es su dinámica de funcionamiento.
La riqueza de las discusiones, la apertura al disenso y la calidad de las decisiones colegiadas dependen de la cultura que se construya en torno a la mesa. La experiencia muestra que cuando las reuniones se convierten en un mero repaso de informes, el directorio pierde relevancia. En cambio, cuando se fomenta una cultura de respeto, escucha activa y confianza, se logra un espacio deliberativo con impacto real en la estrategia y la sostenibilidad de la organización.
El presidente del directorio tiene aquí un papel determinante: facilitar la participación de todos, promover el intercambio franco y conducir el debate con neutralidad. Sin esa capacidad de moderación y liderazgo, la dinámica se resiente.
La selección
Finalmente, la selección de los miembros del directorio es probablemente una de las decisiones más estratégicas que recaen en la propiedad.
Un directorio se fortalece cuando se eligen perfiles competentes, complementarios y comprometidos. En la práctica, esto implica ir más allá de la lógica de vínculos personales o familiares y animarse a integrar directores externos que aporten independencia de criterio, mirada crítica y orientación de largo plazo.
El buen director no es quien acumula títulos o cargos, sino quien sabe deliberar, cuestionar constructivamente y poner el interés general de la organización por encima de intereses individuales. La diversidad de trayectorias y perspectivas, lejos de ser un obstáculo, es lo que permite abordar la complejidad del entorno actual.
Una necesidad, no un lujo
En Uruguay, todavía es frecuente encontrar directorios con gran participación de representantes de la propiedad o de la gerencia ejecutiva. Aunque esta realidad refleja nuestra cultura empresarial, también plantea un desafío, abrirse a nuevas perspectivas que fortalezcan la capacidad de gobierno.
Hoy, frente a las exigencias de los mercados, las regulaciones más estrictas, los cambios tecnológicos y las demandas de la sociedad, contar con directorios efectivos no es una opción, sino una necesidad estratégica.
Un directorio bien diseñado, con composición adecuada, dinámica deliberativa y miembros seleccionados con criterio, es mucho más que un órgano de control, es el espacio donde se construye futuro. Apostar a su fortalecimiento es, en definitiva, asegurar que la organización pueda crecer y trascender en el tiempo. Es decir, apostar.
En suma, impulsar un directorio efectivo no es un lujo reservado a unas pocas empresas, sino una necesidad impostergable para todas aquellas que buscan perdurar y generar valor a largo plazo.